sábado, 25 de enero de 2014

Lieva publica boletines con información sobre documentos históricos

La Asociación Cultural Lieva, junto a El Manantial y al Ayuntamiento de Galaroza, está publicando boletines monográficos sobre la reparación de la Fuente, la urbanización del paseo o las calles y la Fiesta del Árbol.
Hace ya varios meses que la Asociación Cultural Lieva firmó un acuerdo de colaboración con el Ayuntamiento de Galaroza, con el objetivo de divulgar los documentos y datos de los archivos cachoneros. En virtud de este acuerdo, los colaboradores de Lieva y de la Asociación El Manantial examinarán los legajos que aún se atesoran en el Consistorio, para descubrir aquellos que merezca la pena divulgar con el fin de poner en valor la riqueza de este fondo documental. En este tiempo, la entidad ha investigado en diversos legados y los ha diseccionado, para poner en conocimiento del pueblo sus contenidos.
Lieva ha dispuesto una fórmula muy divulgativa para llevar estos datos a los vecinos, ya que vuelca los resultados de sus pesquisas en boletines que publica con periodicidad y que distribuye a través de las redes sociales, con el fin de que todos los cachoneros, y los serranos en general, dispongan de la información.

El primer documento que se dio a conocer estaba relacionado con la Fuente de Doce Caños, aprovechando su 125 aniversario. Está contenido en el Libro de Actas Capitulares que se incluye en el Legajo número 1 del archivo, folio 0.715.897. En reunión del Ayuntamiento, fechado el 5 de octubre de 1889, se aprueban gastos para las obras de reparación de la “fuente pública denominada del Carmen”. Seguramente, estos trabajos serían los que convirtieron lo que antes sería una fuente redonda, tipo manantial, parecida a las de Cañaveral de León o Fuenteheridos, en el germen de lo que hoy es una de las fuentes monumentales más importantes de la Sierra. Según la investigación de Lieva, tras esa reforma tan importante, llegarían numerosas obras de mejora, que tienen sustento en decisiones recogidas en las Actas Capitulares y en expedientes instruidos para dar cumplimiento a los acuerdos del pleno. Una de ellas se conoce en profundidad gracias al documento aparecido entre los cargados legajos municipales, en concreto en el legajo 99, uno de los más ricos en información. Se trata del expediente 2-13-13-I, datado en 1911, para la reparación de la fuente. Al parecer, por aquellos años el caudal de la fuente era abrumador, tanto que era costumbre colocar tablas para que las personas pudieran tener acceso a los caños. Los cachoneros de entonces querían poner remedio a estas dificultades, así que, certificado por el alcalde Manuel Vázquez, se decreta que el maestro alarife Manuel Rivero Ruiz, una vez estudiado el terreno, ponga todos los medios para subsanar los constantes encharcamientos y facilitar los accesos a los doce caños. En el documento, detallado de forma exquisita, el propio maestro de obras describe la situación que ha observado, lo que llama “defectos en los niveles de la lieva de desagüe de la fuente”. Asimismo, indica cuáles son las obras que debían acometerse para evitarlo, que no son otras que “rebajar el nivel de la lieva de desagüe y hacer el nivel de su suelo más inclinado, para que la corriente sea rápida” y así evitar remansos de agua. El informe técnico lleva fecha del 3 de diciembre de 1911.
El segundo documento ha estado relacionado la creación del Espacio Público del Paseo de Nuestra Señora de Carmen, punto de encuentro nuclear del pueblo que forma junto a la Fuente y la Plaza de los Álamos, el ‘centro y corazón’ de Galaroza. En el archivo municipal existen varias referencias a la evolución de esta área urbana. La primera la encontramos a finales del XIX siendo alcalde Pedro González, quien ya en cartas plenarias habla de la necesidad de crear y adecentar el alto de la plaza de la Fuente. Por aquel entonces era la mitad del área que ocupa actualmente, estando la zona cubierta con casas. A ese alto desembocaba la actual calle San Sebastián y la antigua calle de los Toros (hoy calle Huelva). Se adecentó y se urbanizó la zona, pero no sería hasta el año 1908 bajo la presidencia consistorial de Don José Conde Garrido, cuando se planteó, se creó e inauguró el espacio que hoy se conoce como el Paseo del Carmen. Para ello se derribaron las casas adyacentes y se creó el alzado, pero se mantuvo el empedrado. No sería hasta 1927 cuando el consistorio se decidiese a transformar el lugar, pavimentarlo y darle vida como auténtica plaza y foro municipal.
En la tercera entrega se ocuparon de otras obras igualmente importantes, las de reparación de tres arterias principales del viario cachonero. En 1892 se implementaba el expediente para mejorar las calles San Sebastián, Carmen y Cenagal, por donde tendría lugar la expansión urbanística del pueblo. Se trata del expediente 2-13-13-I, que contiene una instrucción para las subasta de las obras de reparación y adecuación de las neurálgicas calle de San Sebastián, El Carmen y El Cenagal. No es más que el comienzo de un extensísimo expediente, que se renovaría durante décadas posteriores, pero es aquí donde se toma conciencia de que estas calles son la entrada del pueblo y era fundamental adecentarlas.
El documento está fechado y redactado entre los días 3 y 4 de mayo de 1892, siendo alcalde de la villa Don Rafael González y González. El texto desarrolla el decreto para la subasta de las obras mencionada y se firma por parte de las autoridades. Gracias a este legajo, se observa que desde mediados del XIX se estaba trabajando para embellecer y conectar los distintos núcleos, y es ahora cuando toma forma esta idea original del crecimiento y mejora del pueblo.
El responsable directo de la disposición y planteamiento de las obras que gestarían el callejero deseado sería el maestro alarife Juan Morilla Morales. Las actuales calles San Sebastián y Carmen enmarcan el Paseo y conforman una trama que complementa el Cenagal, donde comienza el Carril, antiguamente llamada Avenida de Ismael González y hoy merecidamente denominada Avenida de los Carpinteros.
El cuarto y, hasta la fecha, último boletín publicado, se ha ocupado del amor a la naturaleza y la conciencia ecológica de los antiguos. Revisando el legajo de festejos, la vista de los investigadores se dirigió a un libreto ya deshilado y deteriorado que en su portada indicaba ‘La Fiesta del Árbol’, y que está marcado bajo el expediente 3-A/7-37. Se descubrió así que, a principio de siglo, hubo una fiebre de replantación en España promulgada bajo un Real Decreto de 11 de marzo de 1904. Evidentemente Galaroza, enclavada en un vergel como estaba, no podría quedarse al margen. Sería una de las primeras fiestas ecológicas de la que se tienen noticias.
El entonces alcalde, José Conde Garrido toma la iniciativa y decide reunir a un grupo de eminentes cachoneros para organizar el gran evento de la Fiesta del Árbol. Sería algo hermoso, un gran acontecimiento al que serían invitadas las más insignes personalidades de la provincia encabezadas por la aristocracia, y el Gobernador Civil.
A la primera reunión serian citados, tal y como aparece en el Libro de Actas, además del Alcalde y dos miembros de la corporación, el médico, Manuel Ruiz, el maestro, José Muñiz del Rio, el cura párroco, Manuel de Cáceres y Romero, tres propietarios relevantes locales y un menor como representación de la juventud, Antonio González y González. Según el libro de Actas, en una nueva reunión celebrada días después se plantea la fecha definitiva. Debería de tratarse de un enorme éxito y un gran escaparate del pueblo ante los ojos visitantes. Era vital que los menores de la localidad participaran de forma masiva, por lo que se transmitió la celebración casa por casa. Además serían las Escuelas, las grandes protagonistas y coordinadoras del evento.
Llegó el magno día. La presencia del pueblo había sido reclamada el día 26 de enero de 1908, al mediodía, en los aledaños de la ermita del Carmen. Y con enorme riqueza descriptiva, en el Libro de Actas se registrarían y constatarían los hechos.
A la cabeza del acontecimiento iban los maestros, encabezados por José Muñiz del Rio y Antonio del Águila Núñez. Tras ellos la Banda Municipal de Música de Antonio Trujillo Muñiz. Detrás, los concejales y miembros de la Casa Capitular con el Alcalde al frente y justo a continuación los niños y jóvenes cachoneros. Todos, en una especie de ‘procesión por la naturaleza’, cantaban el ‘Himno de la Bandera’, y el pueblo les seguía al unísono.
El gentío tendría su meta en el llano del paseo donde los niños se colocarían frente a hoyos ya preparados para colocar robustos plantones. Todos los niños participantes recibirían obsequios y José Conde, en calidad de máximo responsable consistorial, ofreció un discurso ante el pueblo y las autoridades engrandeciendo el valor e importancia de los árboles, impulsando la concienciación de los jóvenes. La nota negativa sería igualmente reflejada en el Libro, y es que el señor cura párroco había decidido no acudir a ‘La Fiesta del Árbol’ por no tener, a su entender, vinculación religiosa.
Esta fiesta se celebraría por primera vez en enero de 1908, pero seguiría celebrándose anualmente hasta que las autoridades gubernamentales de 1930, antes de la implantación de la II República, decidieron no convocarla; no obstante, en años posteriores ocasionalmente se celebrarían eventos similares.
Aunque buena parte del archivo se vendió para papel viejo durante la escasez de la posguerra civil, aún quedan elementos muy interesantes para la historia local. Siempre se ha comentado la afortunada anécdota que ha permitido contar con un documento excepcional en la colección, como es el Título de Villa de Galaroza, expedido en 1553, y que se salvó de la desaparición después de caer y quedar escondido detrás del armario donde estaba depositado.
Fruto de este convenio, la asociación divulgará los documentos al gran público a través de redes sociales y otros medios de comunicación, para que los ciudadanos aprendan parte de su identidad como pueblo. El acuerdo es gratuito, por lo que Lieva no percibirá cantidad económica alguna por sus trabajos. Gran parte de esta tarea está recayendo sobre José Luís Lobo, colaborador habitual de Lieva y de El Manantial, que ya conoce estos archivos y ha ofrecido diversas conferencias sobre la temática.
Los próximos escritos que se están preparando hablan de la construcción del actual Ayuntamiento, del que se disponen de interesante planos de la época, o la instalación de un surtidor de gasolina en el término municipal. Igual que estos documento existen otros que hablan de la historia reciente de Galaroza y que serán desmenuzados y mostrados a través de boletines monográficos, para que los cachoneros conozcan datos fundamentales de su identidad.

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