jueves, 9 de febrero de 2017

Cortelazor y sus sabores

Mª Pilar Sánchez ha escrito un emotivo texto sobre Cortelazor y un libro de cocina que ha publicado:

Cortelazor es un pueblo pequeño, serrano. Tiene  una ermita muy blanca en los montes de La Coronada y un arroyo de agua clara que riega el campo  y sus huertas.
Cuando llega el otoño y las primeras lluvias, de la tierra empapada, entre las hojas de los castaños, brotan hermosos ejemplares de tentullos, galipiernos, y coloridas tanas que palpitan en las cestas de los recolectores, junto a las castañas. 

Las chimeneas comienzan a humear y las sartenes se ennegrecen sobre las candelas; en las que, con paciencia, se van picando las primeras migas. Las ricas migas de pan duro y patatas fritas que se acompañan, siempre, de sardinas asadas y naranjas cogidas en el naranjo del patio;  o bien,  uvas, del emparrado que nos dio sombra durante el verano.
Al calor de la lumbre se pasa también el invierno, donde se asan las papas y los huevos necesarios para elaborar un rico gazpacho, aderezado con “culantro”, de ese que ha brotado, junto al perejil, en el huerto.  En la paz y el silencio, solo roto por el chisporroteo o el crepitar de la leña que continúa ardiendo, se elabora el queso con la leche tibia de las cabras recién ordeñadas, dejándose acariciar por la palpitante cuajada.  En unos meses estará curado, justo para cuando brote la primavera.
 Con la alegría del mes de abril, los  platos  se llenan de flores y miel para endulzar las Isabelitas, los prestiños y el piñonate. Se llenan las alacenas con esos dulces que se comparten entre los vecinos.
Poco a poco, se va mitigando el fuego de las candelas, hasta que irrumpe,  sin compasión,  el sol de verano en los campos. Es tiempo de  soltar el agua de las albercas para regar las huertas. Se tiñen de color ensaladeras y fruteros, y  los rincones de las cocinas se llenan de cestas colmadas de verduras y hortalizas frescas. Se  embotellan los tomates y pimientos asados, para cuando llegue el largo invierno, ese invierno gris, en el que se aprovecha hasta cada golpe de sol en búsqueda de  las mejores yerbas para un refrito. Se prenden de nuevo las lumbres para asar las presas de las matanzas. En un eterno retorno, el ciclo de la vida continúa y en el pueblo de Cortelazor se nace y se muere, pero el Sabor de la autenticidad  permanece.
El Sabor de Cortelazor es un recopilatorio de recetas e historias, de recuerdos y vivencias de la gente de Cortelazor, que han hecho de cada página de este libro, toda una invitación a disfrutar el sabor extraordinario de lo cotidiano.

Los habitantes de este humilde pueblo de la Sierra de Aracena, en la provincia de Huelva, me regalaron  su saber hacer en torno a los fogones, además de entrañables recuerdos, que he querido recoger en este libro, como un homenaje a quienes tanto trabajaron para llenarnos el plato cada día. El resultado es un recetario lleno de alma, reflejo del carácter abierto y acogedor de quienes habitan por estos parajes serranos.   Es por eso que, El Sabor de Cortelazor, sólo podrás encontrarlo y degustarlo aquí, entre su gente, en este pueblo pequeño que ofrece a los paladares una riqueza inmensa.
Escrito por Mª Pilar Sánchez Carrasco.

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