domingo, 19 de febrero de 2017

Empedrados decorativos serranos


La artesanía en la Sierra abarca muchos ámbitos. No sólo la alfarería, la cestería o la ebanistería forman parte del patrimonio serrano, sino que también el arte y el buen hacer de sus habitantes se extiende a otras áreas como el empedrado. 


Las calles de cualquiera de nuestros pueblos son verdaderas alfombras pétreas que muestran la profesionalidad de los empedradores de la tierra, que han hecho de sus vías de comunicación una manifestación artística. 

Al viario habitual por el que circulaban burros y vecinos, hoy ocupado mayoritariamente por vehículos, se suman empedrados decorativos que ocupan lugares emblemáticos en las calles. 

Tanto dentro como fuera de las puertas de acceso a las casas, se ubican numerosos cuadros adornados con piedras de diversas tonalidades. Los exteriores forman los famosos 'llanos', que todavía se conservan en algunas localidades, como en Linares de la Sierra. 

Sus motivos decorativos son muy diversos, como ya estudiase el añorado profesor José María Medianero. Los hay vegetales, geométricos, indicativos de la profesión del morador de la vivienda, animales o astronómicos, entre otras modalidades. 

Cuando los pueblos de la zona comenzaron a evolucionar en su urbanismo urbano, en torno a los años 70 y 80, aparecieron las aceras, hasta entonces desconocidas en muchas calles de la comarca. Fue el momento en que se eliminaron muchos ‘llanos’, que fueron sustituidos por el acerado destinado al tránsito de peatones.

En el interior, los artesanos serranos también se esmeraron en la decoración del zaguán, conformando una pieza de la casa especialmente importante, por ser la de entrada al hogar, que debía mostrar características especiales. 

Fue el tristemente desaparecido investigador el que publicó un magnífico estudio editado por la Diputación de Huelva dedicado a los empedrados decorativos de la comarca. Incluso fue él el que convenció a algunos vecinos para que no eliminasen sus empedrados interiores, ante la molestia de tener que limpiarlos y adecentarlos a diario.

Además, suponían el primer paso para lo que muchas veces constituía un extenso corredor empedrado que facilitaba el acceso de las caballerías hasta el fondo de la vivienda, donde se encontraban habitualmente las cuadras y establos. 

A pesar de que el falso modernismo ha borrado estos empedrados de muchas de nuestras casas, todavía hay numerosos ejemplos de esta labor en la que han sobresalido los empedradores serranos. 


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