lunes, 13 de febrero de 2017

Palabrario serrano: 'Atacarse'

Segunda entrega del 'Palabrario Serrano', gracias a Francisco Núñez. Hoy: 'Atacarse'.

La Sierra es aún, afortunadamente, un lugar de libertad para los niños, a los que se les puede ver jugar despreocupadamente hasta bien caído el sol en cualquiera de las plazas de nuestros pueblos. Hoy, más que ayer, crecer en un ambiente natural y en general menos expuesto a los “peligros” de la ciudad y de los grandes pueblos dormitorios que rodean las capitales de provincia de nuestra región es, sin lugar a dudas, un bien que no se valora lo suficiente, sobre todo por esos padres que sufren del mal de la “sobreprotección” y ven gigantes allí donde sólo hay molinos de viento. 

Correr libremente pueblo arriba y pueblo abajo es uno de los más bellos recuerdos que guardo de mi infancia serrana, y el camino de la ermita de Santa Brígida, los Riscos Altos o las intrincadas callejuelas del “pueblo abajo” de Galaroza fueron el campo de batalla donde se fraguaban nuestras victorias y nuestras derrotas. Una infancia, desgraciadamente, casi perdida para nuestros hijos, que forzados por los tiempos caníbales en los que vivimos, pasan rápidamente de la más tierna infancia a una adolescencia precoz que les fuerza a competir con sus amigos en ver quién tiene el móvil más moderno o demostrar un comportamiento más propio de jóvenes decadentes que de niños en edad de jugar a los “bolinches”. La frase que ponía fin a mis correrías y que está grabada en mi memoria (y en numerosas ocasiones marcada a manotazos en mi trasero) era: '¡Atácate, que vienes hecho un farraguas!'
El D.R.A.E. recoge “atacar”, usado sobre todo pronominalmente “atacarse”, con el significado de “atar, abrochar, ajustar al cuerpo cualquier pieza del vestido que lo requiere”. Podría tratarse de un arabismo, derivado del árabe hispánico tákka, variación del árabe clásico tikkah, que indicaba una ‘cinta para sujetar una prenda’. No del árabe peninsular sino vocablo puramente castellano le parece a Corominas, que circunscribe su uso sólo al castellano, en concreto a Andalucía, y al catalán de Valencia (por otro lado, zonas fuertemente arabizadas). Aún indicando la dificultad para encontrar su origen, prefiere derivarlo de “taco” en el sentido de ‘botón’, dado que en la antigüedad los botones eran semejantes a un zoquete o tarugo. No obstante, dado que “atacar” se usa exclusivamente en referencia a un vestido y nunca en el sentido general de ‘atar’, es más que probable que su origen sea el mencionado arabismo hispano.
Bien diverso es el origen de “farraguas”, voz de origen salmantina o extremeña que indica un ‘muchacho travieso, mal encarado’, y de ahí el aspecto propio del mismo. Alvar, en su Tesoro léxico de las hablas andaluzas recoge “farranguas” como ‘desaliñado, adán’, y lo circunscribe a Los Pedroches, en Córdoba. Su origen, sin embargo, parece estar más en el occidente que en oriente, pues puede estar relacionado con el término “farra”, ‘algazara, juerga, parranda’, del vocablo portugués del mismo significado “farra”, del que derivan términos como “farragem”, ‘conjunto de cosas mal ordenadas’, y “farrapâo”, ‘individuo andrajoso, vestido de harapos; indigente’.  Este es precisamente su significado en nuestra sierra, por lo que el lusismo parece confirmarse.
Es curioso, pero en esta frase de mi infancia se recoge todo el legado lingüístico de la sierra: los árabes, los castellanos y los portugueses…


 Francisco Nuñez

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