sábado, 11 de febrero de 2017

Un 'ovni' pasó por Arroyomolinos y Galaroza

Un fenómeno extraño cruzó los cielos de Arroyomolinos de León y Galaroza en 1932. En 2011, investigadores de la Universidad de Huelva (UHU) y el CSIC desvelaron las claves de este suceso. 

Al parecer, en 1932 se produjo un extraño fenómeno en el cielo de algunos pueblos serranos. Arroyomolinos de León y Galaroza, se vieron sorprendidos por una gran bola de fuego que asustó a sus vecinos. 


Gracias al relato que Ignacio Darnaude escribió en 1972, podemos adivinar qué es lo que sintieron los arroyencos aquella famosa noche. Los raros sucesos tuvieron lugar del 8 al 9 de diciembre de 1932, fiesta de la Inmaculada Concepción, al filo de la medianoche. El cielo estaba encapotado y caía una lluvia persistente, aunque sin el menor asomo de truenos ni tormenta. Este investigador menciona a tres personas que con seguridad contemplaron en las alturas el “melón ardiente” que atemorizó a los arroyencos.
Los presentes divisaron de repente una espectacular luminosidad, originada por una masa en forma de “melón de fuego” que caía del cielo precipitándose sobre la vertical de la población, pero en apariencia sin llegar a estrellarse contra el suelo. Cuando el cuerpo incandescente había alcanzado una cierta altura en la trayectoria de su descenso, la cosa deshizo o dividió en fragmentos, originando una ensordecedora explosión, bien distinta al conocido fragor que sigue a los relámpagos.
Cuando el supuesto aerolito atronó los cielos, los lugareños creyeron que se trataba de una bomba de gran potencia colocada por motivos políticos, y cundió una fuerte alarma.
Inmediatamente después del enorme traquido, la luz eléctrica se extinguió sin explicación alguna en todo el lugar durante algunos segundos, luciendo a continuación con normalidad. Asimismo, también se detectaron interferencias electromagnéticas.
En la misma jornada del desplome del “balón de rugby” sobre Arroyomolinos de León, 8 de diciembre de 1932 , hacia las seis y media de la tarde, cinco horas antes del espectáculo arroyenco, otro fenómeno extraño apareció en Galaroza. La solemne procesión anual de La Inmaculada Concepción transcurría sin novedad por las calles del pueblo.
De repente los numerosos fieles que caminaban despaciosamente en las dos filas del cortejo religioso contemplaron atónitos en el cielo “una pelota grande del color del fuego que giraba y parecía que iba dando vueltas”. El fenómeno lumínico se desplazaba lentamente, a tal punto que a algunos devotos les dio tiempo de ahumar cristales para observarlo mejor, lo que indica por otra parte que el objeto esférico despedía un fulgor muy intenso.
Estos relatos de lo acontecido en la sierra aquel día de 1932 han sido publicados en diversas páginas web por Ignacio Darnaude, que incluso consiguió un dibujo ilustrativo a cargo de Antonio Moya Cerpa. En el caso de Galaroza, el dibujante equivocó la estética del paso de la Inmaculada, que nunca ha sido de palio en la población cachonera. 
Las investigaciones de José María Madiedo han resultado concluyentes. Con herramientas informáticas de la Universidad de Arizona se ha obtenido un resultado sorprendente: al llegar a la atmósfera, un fragmento de asteroide que cruzó el cielo de Arroyomolinos tenía un diámetro de unos 18 metros y se movía a 54.000 km/hora. A esa velocidad, el choque con la atmósfera es tan brusco que la parte exterior de la roca alcanzó una temperatura de varios miles de grados cuando se encontraba a unos 100 km. de altura, de modo que ésta empezó a vaporizarse. La bola de fuego -fenómeno físico que los científicos denominan bólido- que vieron caer los habitantes de Arroyomolinos fue esa roca incandescente que se desintegraba al caer. Segundos después, cuando estaba a 16 km de altura, la roca había perdido casi el 90% de su masa inicial. Fue en ese punto cuando no pudo seguir soportando la elevada presión a la que estaba sometida, estallando de manera violenta.

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