domingo, 2 de abril de 2017

La solidaridad y la autenticidad de la arochena Teresa Domínguez


El tejido social y humano de la comarca de la Sierra está plagado de ejemplos que muestra a diario su compromiso con los que peor lo pasan. Los vecinos, las entidades, se esfuerzan por aportar solidaridad a las personas que atraviesan malos momentos, sea aquí, en su entorno, como en cualquier lugar del mundo. Una de estas ciudadanas solidarias es María Teresa Domínguez Rodríguez, quien recientemente ha sido galardonada con el premio Villa de Aroche de bienestar social. 


Ella forma parte de la Asociación Solidaria Pachamama, una pequeña ONG nacida en Cádiz en 2008, fruto de un máster de cooperación al desarrollo. Principalmente, cuenta con autofinanciación a la hora de realizar algún proyecto, mediante sistemas como tómbolas solidarias, rifas de camisetas, abanicos, pen drives y todo lo que encuentran vendible, aunque a veces presentan algún proyecto a instituciones públicas para financiar algún trabajo de mayor envergadura. Lo que siempre establecen es la financiación personal de cada voluntario de sus gastos en el viaje.

Se han dedicado a proyectos de cooperación principalmente en Nicaragua, en la isla de Ometepe, en una pequeña comunidad sin recursos, construyendo infraestructuras entorno al colegio de la comunidad, mejorando así el techo del colegio, construyendo un camino asfaltado de acceso al cole ya que las lluvias tropicales hacía imposible para los niños ir a la escuela por el camino que tenían, así como encauzando el camino de las aguas con diferentes obras. También se construyó un parque infantil y finalmente una pista deportiva, que además usaría la comunidad como plaza de encuentro y para secar el café y el arroz. Su trabajo también se desarrolla en España, dedicándose a la educación para el desarrollo en colegios y a la  sensibilización de la población, sobre todo mediante documentación fotográfica. También trabajan con  mujeres y niños haciendo talleres.

Debido a la situación que se está viviendo en Europa con la crisis de Refugiados, decidieron recaudar dinero y trabajar en el norte de Grecia, en la frontera con Albania, en dos campos, con población siria, yazidies del norte de Irak, una minoría religiosa marginada en su país de origen por los musulmanes y también en los campos en Grecia. Además, había población afgana marginada, pakistaníes y palestinos. Han cubierto necesidades básicas identificadas en el terreno, y también se han dedicado a la parcela educativa, enseñando principalmente  inglés, trabajando con las mujeres en salud e higiene femenina y haciendo actividades lúdicas con niños y adolescentes.

Ahora, ya en España, se están dedicando “a difundir la situación que están viviendo los refugiados, la parálisis de las instituciones europeas con la violación de los derechos humanos y animando a la gente a través de la sensibilización, a presionar y manifestarnos demandando la acogida de las personas que huyen de la guerra y el horror”.



Según Teresa, “en mis experiencias como solidaria y cooperantes en el mundo, lo que más vida me ha dado tanto en cooperación como en ayuda humanitaria han sido por supuesto los niños, ya que ellos te enseñan el amor a la vida a pesar de lo que te toque vivir, y es la mayor lección que me he llevado siempre en mi trabajo con la ONG”.”Las sonrisas eternas que te regalan y te sacan son las más bellas y puras que nunca he visto y sentido”, añade.

De su estancia en Grecia destaca que  “hay recuerdos de miradas que todavía me parten el corazón y hacen que se me encoja, esas miradas de las personas adultas, y sobre todo los más mayores de las familias, las que lucharon en su vida incansablemente y ahora tienen que huir y muy posiblemente morir fuera de su tierra y su casa”. Lo que más le impactó, “y aún me sigue hiriendo el alma y la consciencia al recordarlo, es el despojo de esas personas de su dignidad, y yo reflexiono sobre ello, y pienso lo duro y difícil que es para un ser humano vivir sin dignidad y sintiendo vergüenza de pertenecer entonces a la sociedad europea a la que pertenezco y estar gobernada por estos líderes que van a dejar esta huella en la historia de nuestro tiempo”.

En el país heleno trabajó con la comunidad yazidíe, “y me encantó la alegría que desprendían, nos enseñaron a bailar su música, por cierto un baile muy peculiar donde bailan todos juntos y de la mano; algo en lo que insistían todo el tiempo, y que nosotros aceptábamos de muy buen agrado era invitarnos a comer y cenar con ellos, querían darnos lo poco que pudieran ofrecernos y por supuesto sentir, que somos iguales aunque desgraciadamente no tengamos los mismos derechos”.

Teresa es también emprendedora, y ha creado una línea de productos naturales aplicados a la cosmética y la higiene que quiere volver la vista al campo y a lo saludable. Su iniciativa ‘Alambique’ muestra, por tanto, el mismo carácter de autenticidad que esta serrana pone en práctica en sus actuaciones solidarias.


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